jueves 20 de octubre de 2011

Fuerza Esperanzadora

Allá en el 2008, a mis catorce años, conocí a Pablo Pérez en el mun. Lagunillas de la Costa Oriental del Lago de Maracaibo. Era la recta final de una campaña electoral que se veía enmarcada en la continuidad de un proyecto político que había iniciado Manuel Rosales y que ahora sería Pablo quien llevaría la investidura del Poder Ejecutivo Regional. Me encontraba en el lobby del modesto Hotel América de Ciudad Ojeda, donde un primo acordó en llevarme para presenciar el cierre de campaña de cara a las elecciones regionales. Una de sus asistentes, a quien conocía por mi temprana militancia en el partido Un Nuevo Tiempo me comento: “Está pendiente, Luisito, el candidato está a punto de bajar de su habitación para esperar al Gobernador (Rosales) y así juntos llegar al cierre de campaña”. Sentí una doble emoción, primero porque me enteré que el hombre a quien siempre he admirado, Rosales, estaría presente en el cierre de campaña y segundo porque conocería al próximo inquilino de la Residencia Oficial.

Al abrirse las puertas del ascensor, salió con una pequeña maleta Pablo, a quien por cierto para la época todos llamaban “Pablito”, cosa que demostró no ser nada pequeño. Pablo le demostró al Zulia y a Venezuela que a pesar de su juventud, logró dirigir importantes labores sociales de alta envergadura en la Gobernación del Edo. Zulia y así, en base al trabajo y el esfuerzo, logró convertirse en la mano derecha de Rosales, cargo que muchos no logran alcanzar. Me posicioné firme y él caminó hacia mí, lo saludé y muy respetuosamente le dije: “Buenas noches, doctor. Un placer mi nombre es Luis Medeiros y le deseo toda la suerte este domingo, usted será el próximo Gobernador”. Pablo me tendió su mano y con un firme apretón de manos, de esos que te inspiran confianza, me dijo: “mucho gusto, muchacho.”

Así siguieron los años, que casualmente lo veía en las actividades del partido y en sus actos como Gobernador del Edo. Zulia, siempre con un firme apretón de manos y consecuente con sus palabras, pero hasta la fecha no podía yo decir “tengo un amigo Gobernador”, como es de costumbre de los muchachos jactarse de sus amistades importantes. En abril del 2009, a poco tiempo de haberse conmocionado el Zulia por el exilio de Manuel Rosales, después de una andanada de persecuciones de parte del Gobierno nacional, entré al campo político al dar un discurso en el Teatro Bellas Artes para el lanzamiento del Movimiento Solidaridad Democrática. El Gobernador (Pérez) asistió al acto y tuve la responsabilidad de finalizar los discursos del movimiento, antes de que el Gobernador dirigiese sus palabras al abarrotado teatro. Los nervios me colmaron, a pesar de todo tenía 16 años y nunca había hablado en público, mucho menos frente a la primera autoridad regional. Mi discurso, a pesar de mi nerviosismo caló muy bien, cosa que me sorprendió, pero una de las cosas que me impactó fue que a partir de ese día, Pablo siempre me recordó como “el muchacho que dio tremendo discurso en el Bellas Artes”.

Este recuento lo hago porque hoy, a los 18 años, siento que he podido afianzar una buena relación con el Gobernador. Pablo tiene una capacidad impresionante de recordar los nombres, anécdotas y hasta el mínimo detalle de las personas, inexistente capacidad en la mayoría de los políticos venezolanos. Quizás esta capacidad, ha permitido que Pablo conozca los problemas del Zulia y de Venezuela y así de esa manera, ingeniar mecanismos para su solución. Este candidato, a quien muchos lo subestimaron – confieso haberlo hecho en más de una oportunidad -, ha demostrado estar determinado a ocupar la Primera Magistratura de la República. Pero su esfuerzo no es solitario, existe un pueblo que tiene igual o mayor determinación de elegirlo como el abanderado de la Unidad Democrática y llevarlo a Miraflores para solucionarle los problemas a Venezuela. Mientras existen otros candidatos que viven tras bastidores, en auditorios y salas con aire acondicionado, Pablo recorre las calles junto al pueblo. El hombre a quien siempre he considerado como mi máximo líder, Manuel Rosales, nos convocó a todos a que entendiésemos que “es la hora de la Patria” y con orgullo zuliano, con sentimiento nacional, he decidido unirme a esta fuerza esperanzadora que llevará a Pablo Pérez a convertirse en el Presidente de todos los venezolanos.

La propuesta presidencial de Pablo se enmarca en un cambio con sentido popular, de la anarquía y desgobierno que actualmente vivimos en Venezuela. El país está estancado con una economía retrograda y cada día más parecida a las de las dictaduras más sanguinarias de los países africanos. Con Pablo, los jóvenes tendremos programas de becas eficientes, transparentes y sin necesidad de tener constancia de una militancia partidista para labrar nuestro futuro. Las familias tendrán la garantía de que existirá un Estado que protegerá su derecho a la propiedad y que los padres puedan saber que algún día los frutos de su trabajo serán pasados a sus hijos sin que nadie se los arrebate. Al juramentarse Pablo como Presidente de la República, regresará el sentido de la descentralización, porque él conoce de primera mano los daños que ha causado la centralización de las competencias a las regiones y que el ahorcamiento financiero sólo lleva a la desidia y a la fomentación del caos. El gobierno de Pérez, será uno incluyente con prioridad a lo social y seguro estoy de que no regalará ni un céntimo del Fisco Nacional a países extranjeros, sin antes resolver los problemas de los millones de venezolanos que tanto necesitan de un Estado que les responda a sus problemáticas. No se gobernará con exclusividad, se gobernará con amplitud, transparencia y buena gerencia.

Muchas veces, quienes nos encontramos con algún vínculo político frecuentemente nos llega la pregunta de “¿Si gana Pablo, qué cargo te ganarías?” La última vez que respondí a esta pregunta dije: “No ganaría un cargo, perdería una.” El que me formuló la pregunta quedó extrañado por mi respuesta. Le expliqué que no ganaría un cargo, sino que perdería uno, porque no existirá en mi, un cargo de conciencia que me acuse de haberme quedado con los brazos cruzados y que contribuí a la victoria de Pablo Pérez a la Presidencia. Eso sí, a todas estas, siempre me quedarán esos vestigios de muchacho y terminé mi respuesta diciéndole: “Podré decir que el Presidente de la República es mi amigo”.

Hasta una próxima entrada,
Luisito Medeiros.-