Con motivo del tercer aniversario de mi blog, ¿Qué Piensa Luisito? he decidido homenajear a una persona que me inspiró a dar lo mejor de mí, a nunca doblegarme ante ningún régimen opresor y siempre, sobre todas las cosas, me enseñó a colocar al Zulia y a Venezuela por encima de todo, inclusive la vida si fuese necesario. En febrero de 2007 viví en la Ciudad de los Reyes: Lima, Perú. Desde Lima presencié gracias a la televisión satelital y el internet, una época que vivió Venezuela que quizás fue una de las más difíciles de mi vida y además el incentivo
necesario para iniciarme en la vida política del país, así tuviese apenas 14 años.
Desde que descubrí mi afición por escribir mis sentimientos y compartirlos con el mundo, decidí crearme un blog digital con el cual miles de personas pudieran leer y analizar y hasta quizás, compartir mi punto de vista sobre el país y lo que diariamente ocurría en Venezuela.
Vivir en un país ajeno es muy difícil para aquellos que nos duele lo que un régimen comunista y opresor le puede causar a nuestra patria madre. Por los cinco años que viví fuera del país, me dediqué a aprender lo más que pudiera sobre mi país. Me aprendí su geografía, escuche su música, nunca me desprendí de lo que pasaba en Venezuela. Me negaba rotundamente aprender otras culturas sin antes conocer bien la mía. Durante mi estadía en la capital peruana, vi tantas críticas hacia al presidente de Venezuela, que pasaba noches llenas de impotencia por el dolor que me causaba ver como el país con el que tanto anhelaba regresar me lo estaban robando poco a poco.
Algo surgió en la vida de los venezolanos que fue lo que me inspiró a luchar por mi país. Quizás fue el incentivo más grande que tuve para hacer algo por mi país. Venezuela, en el 2006 decidió cambiar. Venezuela decidió construir un camino hacia la democracia que hasta el día de hoy, a pesar de todas las consecuencias, vemos un progreso en nuestra recuperación de la democracia. Pero en mi opinión, esto empezó gracias a un hombre cuyo nombre se oía en mi mente desde pequeño.
De infante, viví con mis abuelos maternos en la zona norte de Maracaibo, específicamente en la urb. La Paragua. Mi abuela, oriunda del municipio de La Cañada de Urdaneta era y sigue siendo, una mujer muy apegada a su gentilicio y a sus raíces. Desde pequeño cada fin de semana nos dirigíamos a la Cañada, donde aprendí que en la vida no todo era lujos. Veía como familiares no estaban en las mejores condiciones de vida y me dolía que no tuviesen la misma oportunidad que por lo menos yo tuve.
Pero en mis visitas al municipio sureño, mientras cruzaba Maracaibo de punta a punta, un nombre siempre me impactaba. Veía el progreso de mi ciudad en una velocidad sorpresiva. Me despertaba una mañana y veía que la montaña de basura que estaba a pocos metros de donde vivía ya había desaparecido. Veía también como terrenos llenos de monte, secos sin ningún árbol de la noche a la mañana se convertían en espacios públicos con canchas deportivas, jardines y fuentes. Veía una ciudad que estaba bajo la administración de un hombre con visión del futuro. Una ciudad en buenas manos.
Años más tarde, vi como no solo mi ciudad natal estaba convertida en una ciudad de referencia nacional, sino que también mi estado se había convertido en el primer estado a nivel nacional en infraestructura, en vialidad, en tecnología, industria y comercio. Democráticamente electo por un pueblo que nunca lo ha defraudado, este hombre seguía diariamente atacando los problemas que muchos antes habían tratado de erradicar y habían fracasado en el intento.
La verdadera fuerza del pueblo seguía manifestándose en este hombre que día a día luchaba por la justicia social, la democracia, darles voz a las comunidades. Duélale a quien le duela: el hombre que transformó a este estado para siempre. Una de las grandes enseñanzas que este hombre me ha podido dar es que si queremos ser lideres, siempre tenemos que poner el oído en la tierra y escuchar la voz del pueblo que a su vez es la voz de Dios. Con esa enseñanza, durante mis tres años que he permanecido activo en la política de una manera u otra, me he atrevido a escuchar a mi pueblo, a mis hermanos venezolanos, pero quizás no lo hubiese empezado hacer si no fuese por las enseñanzas por ese hombre, mi líder.
Hoy, los que seguimos su proyecto político no contamos con su presencia física en el territorio nacional. Siento que de cierta manera que quizás por cosas del destino nuestros papeles se han intercambiado. Ahora a mi me toca estar en Maracaibo una vez más y lucho por el rescate de la democracia en mi país. Hoy, ese líder está en la ciudad que una vez me recibió con los brazos abiertos y me inspiró a seguir sus pasos por una Venezuela de iguales oportunidades para todos.
A sabiendas de que ese líder leerá este mensaje que lo homenajea por ser un incansable luchador, un hombre justo de valores y principios, desde su tierra del sol amada que lo espera con tantas ansias su pronto regreso, le aseguro desde este espacio, ¡cuente con nosotros! Usted sembró en todos nosotros una semilla que se ha convertido en un árbol de fortaleza para seguir en la lucha. Su presencia nunca nos ha dejado pues en cada barrio, en cada instancia del Zulia y de Venezuela, vemos su huella y vemos el camino que usted trazó para nosotros.
¡Cuente con nosotros! Bajo ninguna circunstancia dejaremos de luchar por su pronto regreso a esta que es su tierra. Una tierra regada por un lago de cristal donde una hermosa Virgen guajira cubre con su manto de estrella la tierra del radiante pendón.
Manuel Rosales, mi eterno agradecimiento.

Hasta una próxima entrada,
Luisito Medeiros